Que tendrá el camino que cada día se ve mas gente caminando? Que hará que todas esas personas dejen de lado las comodidades de una buena cama, de un automóvil para no parar de andar con un rumbo fijo y conseguir una meta tan dura como la de finalizar una etapa de mas de 20 Km. andando? La fuerza de la flecha amarilla. Que hace que se ande sin problemas debajo de lluvias, temperaturas altas y sin dejar de arrastrar la mochila con la que hemos salido de casa? Este año es año Xacobeo y todos se han vuelto locos. El camino es como una senda de elefantes. Los peregrinos pasan sin parar. Andando con la mirada hacia delante. Los albergues están llenos pero se sigue, se sigue descansando debajo de un árbol, una sombra o la sombrilla de un bar en una aldea perdida en el monte.
Con ya cansancio de salida y un buen madrugon, llegamos con el coche a cuestas a Ponferrada, buscando un parking donde dejarlo escondido y guardado un par de días. Mi ansiedad por empezar a caminar se peleaba por el miedo a no poder cumplir las etapas al no haberme preparado este año. Los 3 meses de baja y el nerviosismo de los viajes por la exposición también, pasarían factura seguramente. Miraba a Marta de reojo que no paraba de observar su mochila nueva verde a conjunto con su anorack. Ella nunca había realizado la travesía y dudaba de su fortaleza. Curiosamente es una sensación que tenemos todos la primera vez que iniciamos el proyecto. Estábamos en el punto de encuentro con los demás pero mirábamos a la lejanía y nada.. no veía aparecer el gorro de paja de Mary Carmen, ni la mochila roja de Pili y menos un grupo de 4 chicas presididas por Albert.Y Maite..? como lo llevaria? Hoy seriamos dos mas… Se abría vuelto loco o hacia oposiciones montar un harén? Una hora, .. una llamada .. un “donde estáis?”. Marta se sentó nerviosa en el banco en medio de la zona de descanso. Casi empezó a levitar. Otra hora mas y al final de la calle, andado con cansancio aparecieron por fin. No se como describir la ilusión que hace rencuentro con tu grupo. Ellos habían empezado días antes. Con muchos kms y alguna experiencia en el cuerpo, no pudimos mas que fundirnos en un abrazo. El camino te enternece, hace añorar a tus amigos. Un larga senda con una subida con cierto desnivel se abre ante nosotros. Son las doce de la mañana y el sol aprieta. Caminamos entre las vides del bierzo preparadas para recibir las uvas que empiezan a brotar, paseando debajo de los árboles, agradeciendo las sombras. A lo lejos divisamos ya, las primeras construcciones del pueblo de Cacabelos, escuchando a lo lejos el sonido del río. Aun sin haber andado mucho, no hay mejor placer que llegar de una larga caminata y remojar los pies en agua fría del río. A veces me volvía y buscaba a Marta. Allí estaba ella, andando, jugando con su bastón. En su cara se divisaba una sonrisilla.Curiosamente y seguramente la única vez ,yo iba la 1º. Las demás, ya acostumbradas, solo pensaban en llegar y poder pasear sin peso. Las construcciones de Cacabelos son la unión de la arquitectura leonesa a conjunto con la gallega. Casi todo en madera y con iglesias pequeñas de piedra. Como siempre el albergue suele estar al final del pueblo. Cruzamos el puente y allí estaba nuestro descanso.
Una extraña construcción de madera, en buen estado, con habitaciones de dos camas rodeando el muro de la iglesia. Al lado una casa blanca con un jardín y el río pasando por debajo en plan cascada. 29 grados, nos escondimos hasta el atardecer. Silencio, solo las cigüeñas en plena primavera nos mecieron con su sonido toda la noche. Pero había que descansar, mañana seria mucho mas largo y mas duro… 

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